Construyan
un texto en primera persona en el que relaten los hechos acontecidos el 25 de
mayo de 1810.
“La multitud gritona de la plaza”
Estoy
sentado en el río. Es un día fresco y lluvioso y se hace notar la falta de
comida en los últimos dos días. Intento limpiarme un poco la cara y los brazos
con el agua helada y luego salgo y me visto nuevamente para emprender la
implacable búsqueda de monedas u objetos cados en la calle. Camino sin apuro.
La acera está húmeda y mis pies descalzos se arrastran por ella con desgano.
Recorro una manzana, luego otra y otra. Por el momento no aparece nada que me
sirva para comer o conseguir dinero, pero algún niño ha tirado un autito de
juguete un poco roto y ya lo tengo guardado en mi bolso. Luego de caminar un
par de cuadras más escucho un gran revuelo, como si una multitud estuviera a
punto de conseguir algo. Voy hacia donde proviene el ruido y observo el extraño
panorama: muchos hombres y muchas mujeres (hombres en su mayoría) están
reunidos en la Plaza Mayor. Algunos de ellos golpean las puertas del Cabildo y
logro oír algo como “¡El pueblo quiere saber de qué se trata!” ¿De qué se trata
qué? Me abro paso entre la multitud y llego al lado de un niño de mi edad, más
o menos.
-¿Tenés idea de qué está pasando? – le
pregunto.
-Ni idea –responde él, mirándome
raro-. ¿Quién eres?
Es
español, me alejo con cuidado y sin responder. No me gustan los españoles, me
dan miedo. De pronto un hombre se acerca a mí y me entrega una cintita. Me dice
algo pero no lo escucho porque el griterío había aumentado. Ahora todos parecen
gritar algo como “¡Abajo Cisneros!” No sé quién es ese hombre, pero parece
divertido gritar, así que me uno a ellos. Alguien me toma la mano y la sube
hasta arriba de mi cabeza. Aprieto la mano también y comienzo a sacudir el
brazo. ¿Qué estoy haciendo? Sigo sin saber qué pasa, pero están todos tan locos
que me resulta divertido. Puedo ver, entre los cuerpos que un nene se asoma y
agita un pañuelo desde la puerta del Cabildo. En respuesta a esto, la multitud
grita más fuerte. Luego del nene se asoma una nena y la multitud grita eufórica
cuando esta sacude el pañuelo. Todos se abrazan y yo siento que ya no encajo
ahí, comienzo a apartarme y me doy cuenta de que aún tengo la tirita en la
mano. Me la guardo en el bolsillo y sigo caminando. De pronto diviso un bulto
en el piso y lo recojo. Al abrirlo, algunas monedas se asoman y me hacen
sonreír de oreja a oreja. Emprendo el camino de vuelta a casa(mi casa, junto al
río) y paro en el trayecto para comprar un vaso de leche a Pedrito. Pedrito es
mi amigo vendedor. Siempre que puedo le compro algo. Cuando me ve llegar sonríe
y me pregunta de dónde vengo.
-No sé, pero conseguí monedas –le
respondo.
Me mira asombrado, tanto que tengo que
mostrárselas para que me crea. Le pido un vaso de leche y me dice que lo que
tengo ahí me alcanza para incluso dos litros. Mis ojos se abren como platos y
luego me echo a reír. Dejar caer un monedero que tenía dinero para comprar dos
litros de leche. Sí, los que estaban
allí estaban totalmente locos.
Laura Saavedra, Rosario 2014
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